Esa sonrisa. Esa maldita sonrisa que me hace perder la cabeza; que me obliga a acordarme de ti en cada momento; que ordena a tu nombre ser el que no hace más que dar vueltas en mi cabeza; que hace que sean esas cinco putas letras las únicas que conoce mi abecedario; que hace que cada uno de mis actos esté pensado para tener una respuesta por tu parte y que incita a mi cerebro a escuchar cada palabra que digo y pienso de tus labios. Sí, de esos labios que se divierten y juguetean repitiendo otro nombre; besando otra cara, otro cuello, otros labios...
No me voy a engañar. Sé que todo esto con lo que sueño no puede ser real. Es imposible. lo creas o no, este sufrimiento tan intenso dura pocos segundos. El resto del tiempo mayoritariamente siento envidia. No la que te digo que siento por ti. Envidia hacia esa persona; y no porque pueda besarte, acariciarte, perder sus manos entre tu pelo, entrelazar sus dedos con los tuyos, sino, porque recibe algo por tu parte. Amor, cariño, afecto. Es envidia por sus suerte. Cada vez que te veo se ilumina todo. En mi cabeza todo se convierte en nada, nada pierde su sentido y todo, ese todo iluminado por tu imagen se desvanece en el vacío. y lo único que queda entre esas vanas ilusiones es el brillo tintineante de esa sonrisa; la tuya.
Probablemente, sean pocos los que traten de entenderme; muchos los que crean hacerlo y ninguno los que lo consigan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario