Estás conmigo. Nos reímos. Hablas. Yo te escucho. Me quedo embobada mirando tus ojos. Sonrío. Aparto la vista. Sonríes. Te tocas el pelo. No puedo evitar seguir sonriendo. Poner cara de estúpida. esa cara que se me queda cada vez que pienso en ti. Cada vez que en mi mente resuena tu nombre. cada vez que tu imagen se cuela en mis sueños... Entonces me miras a los ojos y me abrazas. Un escalofrío placentero recorre mi espalda. tus bellas manos cubiertas de perfección y hasta ahora hechas de mis lágrimas rodean mi cuerpo. Me susurras algo al oído. Me sonrojo. Ahora soy yo la que te abraza a ti. Con todas mis fuerzas. Es como si tratase de quitarte el aliento. De que saliera de ti cada gota de aire usada para pronunciar su nombre. Te vas empequeñeciendo entre mis brazos. Encoges. Te abrazo con más fuerza. No quiero perderte. Te desvaneces. Mi agonía se va volviendo grande. Mis ojos se inundan. Me desespero. Desapareces. Ya me abrazo a mi misma. Intento recordarte. Tu olor. Tu tacto. Tu presencia. No lo consigo. Despierto. Me siento en la cama. No se como sentirme. ¿Bien? Quizás mal. Me siento bien: no te has ido. Me siento mal: nunca has llegado a estar aquí. Descubro cómo me siento. Sola. Te necesito. Lo sé, te veo mucho. Hablamos incluso bastante. Te tengo cerca. Pero no estás aquí a mi lado como a mi me gustaría. Me tumbo de nuevo. Como escrito por el diablo veo tu nombre en el aire. Sonrío. Me duermo. Repeat Again.
For repeating the experience insert a fair coin. We don´t accept dollars. Only pain.
domingo, 18 de noviembre de 2012
jueves, 8 de noviembre de 2012
Flight princess.
Iluminas. Tú iluminas. Tú me iluminas. Tú me iluminas la mirada, pero a la vez destrozas un pedacito de mi alma, cada vez que al verte, al pensar en ti, me doy cuenta. Me doy cuenta de que no puedo tenerte tan cerca como quisiera, no puedo si quiera decirte esto que siento. Gracias a Dios creo en el destino y en el karma. Un destino que parece conocer todo aquello que pienso y siento, que me permite verte, no tenerte lejos, hacerte reír y que incluso algunas veces brinda gestos por tu parte. Miradas fulminantes. Roces de manos ardientes. Risas inesperadas e inexplicables. Grandes frases con significado nulo. Son todos esos pequeños contactos los que crean mi locura. Sí he dicho locura. Mi locura. Porque mi maldito cerebro se vuelve loco, sabe que eres imposible, inalcanzable. Pero existe una fuerza ciega; ignorante; rebelde; luchadora; que me incita a seguir buscando tu afecto en el vacío; a seguir palpando tu silueta imaginaria en la oscuridad, a buscar el punto recíproco de estos sentimientos y a buscar tu luz entre la niebla. Esta fuerza debe ser la que todos tenemos. La que todos escondemos bajo llave. Dentro de un cofre. En lo alto de la torre de un castillo flotando en nuestra conciencia. No tengo nada de especial por fuera, más bien soy normal tirando por debajo. Ni destaco ni he destacado nunca en nada. Debe ser esa mi especialidad. La capacidad de esposar al guardián de la torre y escapar del cofre encerrado, para dejar volar de una vez, sobre un vaivén de ocasiones y actos la fuerza para seguir creyendo que esto, por imposible que sea. Y que parezca. Que obliguen a ser, y a parecer.
Gracias por ser el detonante del descubrimiento de mi especialidad.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Esa sonrisa.
Esa sonrisa. Esa maldita sonrisa que me hace perder la cabeza; que me obliga a acordarme de ti en cada momento; que ordena a tu nombre ser el que no hace más que dar vueltas en mi cabeza; que hace que sean esas cinco putas letras las únicas que conoce mi abecedario; que hace que cada uno de mis actos esté pensado para tener una respuesta por tu parte y que incita a mi cerebro a escuchar cada palabra que digo y pienso de tus labios. Sí, de esos labios que se divierten y juguetean repitiendo otro nombre; besando otra cara, otro cuello, otros labios...
No me voy a engañar. Sé que todo esto con lo que sueño no puede ser real. Es imposible. lo creas o no, este sufrimiento tan intenso dura pocos segundos. El resto del tiempo mayoritariamente siento envidia. No la que te digo que siento por ti. Envidia hacia esa persona; y no porque pueda besarte, acariciarte, perder sus manos entre tu pelo, entrelazar sus dedos con los tuyos, sino, porque recibe algo por tu parte. Amor, cariño, afecto. Es envidia por sus suerte. Cada vez que te veo se ilumina todo. En mi cabeza todo se convierte en nada, nada pierde su sentido y todo, ese todo iluminado por tu imagen se desvanece en el vacío. y lo único que queda entre esas vanas ilusiones es el brillo tintineante de esa sonrisa; la tuya.
Probablemente, sean pocos los que traten de entenderme; muchos los que crean hacerlo y ninguno los que lo consigan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)